HOMEOPATIA
BREVE RESEÑA BIOGRAFICA DEL DR. SAMUEL HAHNEMANN
El Dr. Christian Friedrich Samuel Hahnemann nace en Meisen, Sajonia, en la medianoche entre el 10 y 11 de abril de 1755 de la unión por segundas nupcias de Christian Gottfried Hahnemann, pintor de porcelana en la fábrica del príncipe de Sajonia y Johanna Christina Spiess, hija de un militar , quienes le ofrecieron una rígida formación moral y cultural.
Ingresa a los diez años en la Escuela Municipal de Meissen, donde muestra una capacidad en verdad sobresaliente. Su madre consigue que el duque de Sajonia le conceda una beca. Ella es la que se ocupa de que la falta de medios a que se vió sometida la familia como consecuencia de la crisis sobrevenida tras la guerra de los siete años, no interrumpa una preparación intelectual que sería imprescindible para la importante actividad a la que se encomendó más adelante.
Pronto surge una relación estrecha entre el joven alemán y Mulle, su profesor que más tarde sería director de la Escuela Principesca de Saint Afra. Mulle lo escoge como su alumno personal.
Más tarde, en 1775, Hahnemann se establece en Leipzig, donde cursa dos años de estudios teóricos en la facultad de medicina. Como no existían allí prácticas hospitalarias, parte hacia Viena donde trabajó en el Hospital de los Hermanos de la Gracia, bajo la protección y enseñanza del célebre doctor Von Quarin, rector de la Universidad y médico privado del emperador José II de Austria y la emperatriz María Teresa.
Tras nueve meses de práctica intensa se traslada a Transilvania, donde el gobernador barón Von Bruckenthal, gracias a los excelentes informes de Quarin, le encarga la ejecución de las funciones de bibliotecario y médico privado. Se instala con su protector en Hermannstadt, donde estudia idiomas, química, botánica, metalurgia, astronomía y mecánica. Las influencias de Bruckenthal sobre Hahnemann debieron ejerzer una profunda impresión en nuestro joven médico, hasta el
punto de ingresar más adelante, en 1817, en la Francmasonería, sociedad a la que pertenecía el barón, como mucho de los grandes amigos que tuvo a lo largo de su vida.
Después de casi dos años de estudios, se dirige a Erlangen, donde se doctora en medicina con la tesis "Aspectos etiológico y terapéutico de las enfermedades espasmódicas", el 10 de agosto de 1779.
Como se puede observar por el enunciado de la tesis, el joven médico muestra unos interesantes puntos de vista científicos a unir, por vez primera ambos conceptos: etiológico y terapéutico, sabiendo que la etiología es la ciencia que trata de las causas de las enfermedades y la terapéutica, aquella que observa los tratamientos y los cuidados que las mismas requieren.
Vuelve a Sajonia, donde continúa el estudio de la química, donde continúa el estudio de la química metalúrgica en Hettstedt para comprender mejor las enfermedades de los mineros; allí publica un artículo sobre el cáncer y otro sobre la necesidad de la higiene, a raíz de una epidemia de fiebres pútridas.
Se traslada a Desseau en primavera de 1781, donde aprende química farmacéutica con el farmacéutico Haesseler en el establecimiento conocido como La Farmacia del moro. Éste, un año más tarde, será su suegro.
Casado con Henriette, de diecisiete años de edad, el 17 de noviembre de 1782, instala su consulta como oficial médico en Gommern. Allí publica la traducción de Procédés chimiques, una especie de farmacopea muy reconocida en su época, donde añade sus propias observaciones y describe procedimientos inéditos. De esta época es también su trabajo sobre el tratamiento de úlceras y quemaduras y el tratado de higiene llamado El amigo de la salud.
Desde 1785 a 1789 se establece en Dresde, con la idea de perfeccionar su arte médico en los hospitales, cosa que consigue gracias a la amistad del doctor Wagner, médico forense del hospital y jefe de los servicios públicos. En poco tiempo nace entre los dos médicos una sólida amistad y Hahnemann acaba siendo su sustituto. En esta ciudad conoce a Lavoisier, con quien mantiene interesantes entrevistas que llevarán a Hahnemann a insistir sobre el perfeccionamiento de la química. Publica en Dresde más de dos mil páginas en sus numerosos ensayos sobre química, farmacia y medicina.
Parece que a nuestro joven médico no le puede ir mejor las cosas, pero ingresa a Leipzig, y allí comienza a constatar que los tratamientos aprendidos en sus años universitarios no proporcionan a sus pacientes los resultados esperados. En efecto, las sangrías, sanguijuelas, cauterizaciones, purgantes y medicamentos poco o nada estudiados científicamente, debilitaban más que otra cosa a los enfermos, dejándolos sin la capacidad de reacción necesaria para alcanzar la curación.
Un día, en la consulta, se acerca a la sala de espera y dice: "marchaos amigos míos. Me resulta imposible procuraros el bienestar que me pedís; marchaos, no quiero robaros vuestro dinero".
Ante esta situación, Hahnemann se siente abatido, tal como lo manifestó epistolarmente a Hufeland, por no tener un medio verdaderamente científico para ejercer la medicina y conseguir el único y el verdadero propósito de todo médico: aliviar y eliminar el dolor en los enfermos.
Resuelve abandonar la práctica médica mientras no alcance el conocimiento necesario para el cumplimiento de sus fines, e igualmente, decide no aceptar la cátedra ofrecida por la Universidad de Dorpat, ya que continúa con la esperanza de alcanzar más conocimientos médicos y en Leipzig era la única ciudad de Sajonia donde se enseñaba medicina.
Con una familia ya de cinco hijos y presionado por las necesidades que su esposa le hace ver, la única solución que se le ofrece a Hahnemann es dedicarse a la traducción de obras médicas.
Sepamos que a los doce años de edad traducía perfectamente el latín y el griego y, según sus biógrafos, a lo largo de su vida llegó a dominar además el castellano, italiano, francés, árabe, hebreo y caldeo. Su actividad como traductor le ayuda no solo a ganarse la vida sino también a la profundización en las raíces y diversas ramas del pensamiento médico, cosa que consideraba indispensable para satisfacer sus objetivos de conocimiento y perfección de la ciencia de la curación.
Entre 1789 y 1792 escribe más de cinco mil páginas de traducciones acerca de medicina, agricultura y química, lo que le permite ser muy conocido y apreciado en los círculos médicos y científicos de su época.
Estudiando la Farmacopea Helvética, de Albrecht Von Haller, se fija en el siguiente párrafo, que será uno de los postulados que más impregnarán su futura obra: "Es preciso ensayar el medicamento sobre el cuerpo sano. Después de asegurarse de su olor y sabor, se da una pequeña dosis, y después se presta atención a todos los efectos producidos, el pulso, la respiración, las secreciones, etc. . Seguidamente, partiendo de los síntomas observados en el cuerpo sano, se debe experimentar sobre cuerpos enfermos".
La traducción en 1790 de la "Materia Médica" del médico escocés William Cullen, profesor de la facultad de medicina de Glasgow, lleva a prestar atención a la monografía correspondiente a la corteza de Chinchona Officinalis o Quina (China), en la que se la indicaba como idónea en el tratamiento del paludismo o fiebres intermitentes, explicando su acción como fortalecedora de la pared estomacal.
Espíritu investigador y curioso por naturaleza decide, recordando los principios expuestos por Von Haller en sus escritos, experimentar sobre sí mismo el efecto del polvo de la corteza de quina.
Esta sustancia fué un importante detonante en las investigaciones de Hahnemann. Quizás fué el punto de partida; el hilo conductor que más tarde se plasmaría en la famosa máxima de la Homeopatía "Lo semejante cura lo semejante"o "Similia similibus curantur".
Veremos cómo: Comienza el ensayo tomando cuatro dracmas de esta sustancia, dos veces durante varios días. Curiosamente constata que, según ha ido aumentando en su organismo la concentración de corteza de quina, van apareciendo sobre él aquellos mismos síntomas de la enfermedad.
Ningún cambio es lineal y Hahnemann, como casi todos, tuvo que descubrir, recoger e integrar en su proceso de investigación, multitud de datos y conocimientos dispersos en el tiempo.
Hahnemann dedujo que la enfermedad puede curarse con un remedio cuyo cuadro corresponda, punto por punto, a la sintomatología de la propia dolencia. En ese momento, la "Ley de Similitud" entraba en el terreno de las aplicaciones médicas.